Este artículo analiza el potencial didáctico de distintas fuentes históricas materiales —salvoconductos, cartas censuradas, billetes resellados, billetes de ambos bandos, moneda de cartón, periódicos y fotografías— para la enseñanza del periodo comprendido entre la II República y la dictadura franquista en Educación Secundaria. Se parte del marco de la educación histórica y de la memoria democrática para defender una aproximación basada en problemas históricos y en el trabajo sistemático con evidencias, más allá del uso ilustrativo de los documentos. A partir de la caracterización de cada tipo de fuente, se propone una secuencia de aula orientada al desarrollo del pensamiento histórico, la alfabetización mediática y la formación cívica del alumnado. Finalmente, se reflexiona sobre las implicaciones que tiene esta perspectiva para la formación del profesorado y para la cultura escolar en torno al pasado reciente.
Hacer historia con ‘cosas’
En las últimas décadas, la didáctica de la Historia ha insistido en que el alumnado no debe limitarse a memorizar relatos cerrados, sino aprender a pensar históricamente. En esta perspectiva, las fuentes primarias dejan de ser ejemplos decorativos para convertirse en el eje del trabajo en el aula. Cuando se trata de un pasado tan cercano y controvertido como el que va de la II República a la Dictadura franquista, el uso de fuentes materiales resulta especialmente pertinente: conecta la explicación con la vida cotidiana, hace visible la dimensión humana del conflicto y abre un espacio escolar para la memoria democrática.
Los objetos y documentos originales —salvoconductos, cartas que pasaron la censura, billetes resellados, moneda de cartón, prensa, fotografías— permiten que los y las estudiantes “toquen” el pasado, aunque sea de forma mediada. Su materialidad les recuerda que lo que estudian no es una historia abstracta, sino experiencias vividas por personas concretas, en pueblos y ciudades que a menudo se parecen mucho a los suyos.
Fuentes, pensamiento histórico y memoria democrática
Trabajar con fuentes implica introducir al alumnado, aunque sea de manera guiada, en el método del historiador: formular preguntas, contextualizar, contrastar evidencias y construir interpretaciones. Desde la educación histórica, esto se traduce en el desarrollo de capacidades como la comprensión del cambio y la continuidad, la empatía histórica o la conciencia de la multiperspectividad. Al mismo tiempo, la legislación educativa reciente y la propia sensibilidad social subrayan la importancia de educar en memoria democrática, especialmente en relación con la II República, la Guerra Civil y la Dictadura.
Articular educación histórica y memoria democrática supone evitar dos riesgos: por un lado, el moralismo simplificador que reduce el pasado a un catálogo de héroes y villanos; por otro, la falsa neutralidad que ignora la dimensión ética de la violencia, la represión y la vulneración de derechos. Las fuentes materiales, bien trabajadas, permiten transitar entre ambos extremos: obligan a tomar en serio la complejidad de los contextos y, a la vez, ayudan a discutir el sentido actual de aquel pasado en términos de derechos humanos y cultura democrática.
Las fuentes materiales del periodo 1931‑1975 y su potencial didáctico
Cartillas de racionamiento: los alimentos bajo control
Las cartillas de racionamiento constituyen una fuente especialmente valiosa para comprender el impacto prolongado de la guerra y la Dictadura en la vida cotidiana, más allá del frente y de los grandes acontecimientos políticos. A través de ellas, el alumnado puede visualizar la escasez, el control estatal sobre el consumo y las jerarquías implícitas en el acceso a los alimentos, así como los mecanismos de disciplina social que se derivan de esa dependencia. Didácticamente, permiten trabajar con datos (fechas de emisión, número de miembros de la familia, tipo de productos), relacionándolos con testimonios orales o fotografías de colas y abastos, y plantear preguntas sobre las estrategias de supervivencia y la economía sumergida. De este modo, las cartillas de racionamiento actúan como un puente entre la macrohistoria de la posguerra y las microhistorias de las familias que la vivieron en primera persona.






Salvoconductos: el control del movimiento y el miedo
Los salvoconductos son documentos que regulan quién puede circular, en qué territorios y bajo qué condiciones. En el aula, permiten abordar cuestiones como el control militar del espacio, la fragilidad de la libertad de movimientos y la experiencia del miedo. A través de preguntas sencillas —¿quién expide el documento?, ¿a quién se dirige?, ¿qué se autoriza o se prohíbe?— el alumnado puede reconstruir el paisaje de un país fragmentado por frentes, líneas de control y zonas de influencia.

Cartas censuradas: entre lo que se dice y lo que se calla
Las cartas que pasaron la censura militar abren una ventana a la vida cotidiana, a las emociones y a las estrategias de autocensura de la población. Las marcas de la censura (tachaduras, sellos, anotaciones) permiten trabajar con la idea de silencios del pasado y con la diferencia entre discurso privado y discurso público. En términos didácticos, son una gran oportunidad para desarrollar la lectura entre líneas y la empatía histórica: ¿qué intenta comunicar la persona que escribe?, ¿qué teme decir?, ¿qué nos revela el propio acto de censurar sobre el régimen político?

El control social a través del partido único y sus ramificaciones.
Los carnets de la Sección Femenina y del Auxilio Social permiten abordar de manera muy directa el proyecto de adoctrinamiento y control social desplegado por el franquismo tras la guerra, especialmente en dos frentes: la redefinición de los roles de género y la construcción de una cultura de dependencia caritativa respecto al nuevo Estado. A través de estos documentos se hace visible quién quedaba integrado en estas organizaciones, qué obligaciones y servicios se consideraban “deseables” o “patrióticos” (formación doméstica y moral para las mujeres, participación en actividades asistenciales, lealtad política explícita), así como el universo simbólico (lemas, escudos, imágenes) que acompañaba esa socialización. En el aula, el análisis de estos carnets, puesto en relación con carteles, fotografías de actos y testimonios, permite trabajar cómo se intentó moldear la vida cotidiana y las identidades de la población vencida y vencedora, y qué papel desempeñaron estas estructuras en la normalización de la dictadura. Además, su contraste con otras fuentes del periodo (cartillas de racionamiento, billetes, prensa) ayuda al alumnado a comprender que la reconstrucción de la posguerra no fue solo económica, sino también profundamente ideológica.


Billetes resellados, sellos, billetes de ambos bandos y moneda de cartón: economía, soberanía y símbolos
El dinero es un objeto cotidiano que se transforma radicalmente en tiempos de conflicto. Los billetes resellados, las emisiones paralelas de ambos bandos y la moneda de cartón muestran el colapso del orden económico y la coexistencia de múltiples poderes que reclaman legitimidad. Desde una perspectiva iconográfica, la comparación de símbolos, lemas y retratos en los distintos billetes permite analizar las culturas políticas enfrentadas. El alumnado puede observar cómo la propaganda y la identidad política se inscriben en un objeto tan aparentemente neutro como una pieza de papel o cartón.




El billete conserva el diseño monárquico del Palacio Real y la efigie de Alfonso XIII, pero el resello y el sello de validación franquista muestran la reapropiación de emisiones anteriores por el nuevo régimen.



Esta emisión consolida la iconografía propia del franquismo en la moneda, incorporando el águila imperial y el nuevo escudo, y subraya la dimensión propagandística del dinero en plena Guerra Civil, al tiempo que asegura un medio de pago unificado en la zona controlada por los sulevados.


Periódicos: propaganda, opinión pública y libertad de expresión
La prensa de la época constituye una fuente clave para estudiar discursos, lenguajes políticos y mecanismos de propaganda. El contraste entre periódicos de distinta orientación (republicanos, franquistas, confesionales, etc.) permite observar cómo se nombran los hechos, cómo se construye la imagen del enemigo o cómo se legitima la violencia. Además, la comparación entre prensa de la II República, de la guerra y de la dictadura ayuda a reflexionar sobre la libertad de expresión, la censura y el papel del Estado en el control de la opinión pública.









Tipo de documento: Recopilación hemerográfica / fascículos de prensa histórica.
Editorial: Prensa Española / ABC (edición facsímil posterior, impresa por Artes Gráficas Toledo; datos en la página de créditos del fascículo que se ve en una de las fotos).
Lugar de edición: Madrid.
Fecha de edición: Edición original de los ejemplares: 1936‑1939; edición recopilatoria en fascículos: década de 1970‑1980 (según créditos editoriales).
Soporte: Papel impreso, formato revista, páginas a doble columna, con reproducción de portadas, textos e imágenes de las ediciones de ABC en zona republicana (Madrid) y en zona sublevada (Sevilla) durante la Guerra Civil.
Contenido: Selección de páginas de ambos ABC (Madrid y Sevilla) que permiten comparar el tratamiento informativo, el lenguaje propagandístico y la evolución del conflicto en cada bando.
Fotografías históricas: imágenes que construyen memoria
Las fotografías resultan especialmente poderosas en el aula, pero requieren una alfabetización visual explícita. Lejos de ser reflejos neutrales, son producciones intencionales: alguien decide qué mostrar, desde dónde, con qué objetivo y para quién. Trabajar con fotografías de frentes, retaguardias, colas de racionamiento, actos oficiales, espacios de represión o escenas de la vida cotidiana permite plantear preguntas sobre autoría, encuadre y destinatario. Estas mismas preguntas pueden trasladarse al uso actual de imágenes del pasado en redes sociales, películas o debates mediáticos, favoreciendo una lectura crítica de la cultura visual contemporánea.
Propuesta de secuencia didáctica para Secundaria y Bachillerato
Sobre la base de estas fuentes, puede plantearse una secuencia de trabajo articulada en cuatro momentos, adaptable a distintos cursos de ESO y Bachillerato.
- Problematización inicial
Se presenta al grupo una fotografía o un titular de prensa, sin fecha ni contexto. A partir de una lluvia de ideas, el alumnado formula hipótesis sobre qué está ocurriendo y qué relación puede tener con sus derechos y su vida actual. El docente introduce entonces la pregunta que guiará la secuencia: “¿Cómo cambian los derechos, la vida cotidiana y los discursos públicos entre la II República, la Guerra Civil y la Dictadura?”. - Taller de fuentes en grupos expertos
La clase se divide en grupos, cada uno especializado en un tipo de fuente (salvoconductos y cartas; dinero; prensa; fotografías). Cada grupo dispone de una pequeña colección de documentos y de una guía de análisis graduada. Su tarea consiste en extraer información relevante sobre tres ejes: derechos y libertades, vida cotidiana y discursos políticos. El producto puede ser un breve informe, un póster digital o una entrada de blog interno. - Síntesis y construcción de un relato complejo
Se reorganizan los grupos para que en cada equipo haya representantes de todas las tipologías de fuentes. A partir de las conclusiones parciales, el alumnado construye una línea de tiempo comentada o un mapa conceptual que integre las distintas evidencias. El objetivo es elaborar una narrativa más compleja que la de los libros de texto, en la que se combinen cambios políticos, experiencias de la población y transformaciones simbólicas. - Cierre orientado a la memoria democrática
De forma individual o en parejas, el alumnado escribe un breve texto dirigido a un público no especializado (por ejemplo, familias o comunidad educativa), explicando qué ha aprendido sobre este periodo a partir de las fuentes materiales y por qué considera importante conocerlo hoy. El trabajo se completa con un pequeño debate sobre los usos públicos del pasado: calles, monumentos, conmemoraciones, polémicas actuales, etc., conectando lo estudiado con la cultura democrática presente.
Implicaciones para la formación docente y la cultura escolar
Integrar de forma sistemática estas fuentes en la enseñanza de la II República, la Guerra Civil y el franquismo exige al profesorado una doble especialización: en contenidos históricos y en competencias de educación histórica y memoria democrática. No basta con disponer de documentos digitalizados; es necesario saber formular preguntas, diseñar andamiajes, gestionar emocionalmente el trabajo con un pasado traumático y conectar los aprendizajes con el presente del alumnado.
Al mismo tiempo, el uso de fuentes materiales puede contribuir a transformar la cultura escolar en torno al pasado reciente. Frente a una tradición que a menudo ha reducido este periodo a un bloque denso, centrado en batallas y fechas, la propuesta aquí defendida lo presenta como un campo de exploración abierto, accesible y significativo para los y las estudiantes. En última instancia, se trata de que la escuela contribuya a formar ciudadanos y ciudadanas capaces de dialogar críticamente con su historia, reconocer las vulneraciones de derechos del pasado y comprometerse con la defensa de la democracia en el presente.







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